El Diablo del cerro Gulutren
En Peumo, todos han escuchado alguna vez la leyenda del Diablo en el cerro Gulutrén, pero no es muy fácil encontrarla escrita.
Hasta ahora:
El Diablo en el cerro Gulutrén
(adaptación de la publicación original de Antonio Acevedo Hernández)
El cerro Gulutrén forma parte de una pequeña cadena de colinas situada al norte de la comuna de Peumo. Se caracteriza por dos cosas; su forma cónica y la gran cruz de hierro que lo corona.
Hubo un tiempo, probablemente del siglo XIX, en que el pueblo de Peumo fue visitado frecuentemente por el mismísimo Satanás. Muchos, sin saberlo, le conocían pues solía mezclarse entre la gente como uno más de ellos haciéndose pasar a veces por un criollo u otras como un elegante huaso que se hacía llamar José Arnero.
Se le veía por todas partes, excepto en los velorios o misas, ni mucho menos por la Iglesia. Obviamente no le gustaban las campanas, ni las cruces.
A pesar de ello pudo integrarse en el pueblo de tal manera que participaba en rodeos y fiestas, aunque sin lugar a dudas lo que le hacía volver con tanta frecuencia era el juego de la rayuela o tejo, para el cual era muy bueno. Llegó un momento en que sus competidores de juego, aburridos de perder siempre con él y conociendo su repulsión hacia algunos símbolos religiosos, dibujaban cruces en la "quemada" para hacerlo fallar.
Esta práctica hizo que el Diablo se aburriera de jugar con la gente del pueblo por lo que decidió jugar solo y el cerro Gulutrén fue su lugar elegido.
Sin embargo algunas personas del pueblo no estaban muy contentas con la presencia del Diablo. El cura López era uno de ellos, él culpaba al Diablo de los vicios que se apoderaban de la gente del pueblo; el alcohol y la lujuria. Desde que se había hecho presente, y como si no fuese poco, las monjas del convento del pueblo, que siempre estuvieron alejadas del mundo del pecado comenzaron a comportarse de manera muy extraña y a ser víctima de algunas jugarretas.
Un día temprano por la mañana el cura López las extrañó en la iglesia dado que no estaban haciendo sus oraciones de costumbre. Las buscó por todas partes y sorprendido al verlas sobre el tejado de la Iglesia, éstas les dijeron:
¡Subimos al techo sin saber como!, una brisa que parecía tener manos nos arrastró hasta acá. Después no pudimos bajar.
Este hecho hizo enojar mucho al cura López, quien se encargó de encerrar a las monjitas bajo penitencia y oración.
A pesar de éstas medidas no pudo detener al Diablo pues a los pocos días y a pesar de estar bajo siete llaves, amanecieron en la cima del cerro Gulutrén en donde se dice que lo que les sucedió esa noche de luna llena y de polen en el ambiente no se puede contar. Esa noche se escuchaban carcajadas que hacían estremecer el cerro, estas burlas enfurecieron al cura López quien incluso llegó a culpar a los peuminos que con sus cruces ahuyentaron a Satanás quien en el pueblo sólo se dedicaba a jugar a la rayuela y no hacía las maldades que estaba haciendo ahora en el cerro.
Así comenzaron una serie de conocidas fiestas y orgías que organizaba Satanás en la cima del Gulutrén. Al principio secuestraba a las monjitas y luego a hermosas jóvenes que elegía en sus recorridos como José Arnero.
Hubo muy pocos peuminos que fueron testigos reales de esas fiestas, pero todos confirmaron que efectivamente jugaba a la rayuela sólo, usando como línea el río Cachapoal y como tejo sendas rocas circulares que pesaban más de una tonelada. Otra veces, y para evitar mojarse en el río al buscar los tejos, la línea la situaba en los cerros que estaban en frente, en la localidad de Larmahue.
Por su parte el cura López, hastiado de las correrías del Diablo decidió reunir a los pobladores de Peumo con la finalidad de juntar fondos o materiales para construir en la cima del Gulutrén una gran cruz de madera que lo ahuyentara definitivamente. Una vez concluída su campaña y en compañía de sus fieles viajaron al cerro e instalaron la cruz de madera sobre una paena (1) de 12 metros de altura que daba mayor imponencia a aquel crucifijo monumental.
Durante un buen tiempo esta medida dio los resultados esperados por el cura López pues el Diablo se alejó del pueblo. Sin embargo una mañana esa cruz apareció cortada por la hoja de una sierra utilizada quizás por el propio Satanás. Jamás se supo realmente del autor del atentado aunque muchos mencionaban que el maquinista del ferrocarril, Belisario Araya, le habría pagado al "chico Olguín" para cortar la cruz.
Cuando ya hubo sido destruida, el Diablo apareció nuevamente por Peumo haciendo de las suyas con mayor fuerza que antes.
López, algo agotado por la batalla constante con el señor de las tinieblas, pudo repetir la hazaña e instalar tiempo después una segunda cruz de madera en el mismo lugar en que estaba la primera. Pero esta cruz tuvo una vida más corta que su antecesora ya que a los pocos meses de ser instalada apareció un día completamente calcinada, y según dicen algunos por el propio Diablo.
Después de ésto el cura López se fue de Peumo y no se supo más de él.
Muchos años después, casi a finales del siglo XIX, llegó al pueblo el cura Eliseo Fernández Hidalgo dispuesto a erradicar a Lucifer de Peumo. Quien tuvo la idea de poner en el lugar de las cruces de madera una cruz hecha del mejor acero que fuera a prueba de fuegos y de serruchos.
Al principio fue tratado de loco y su proyecto de imposible, pero al igual que el cura López pudo convencer a muchos peuminos de distintos credos religiosos.
La cruz, de doce metros de altura, fue construida en Santiago y traída a Peumo por ferrocarril, pesando más de dos mil kilos sólo la parte de metal.
A lomo de mulas y caballos, y con la ayuda de voluntariosos peuminos, fueron llevadas a la cima del cerro. Pronto la obra estuvo terminada, y los que la veían por primera vez cuentan que la cruz era hermosísima.
El día de su inauguración fue una fiesta en Peumo, en donde asistieron también de Larmahue, Pichidegua, San Vicente, Alhue, La Estrella, Coltauco y sus alrededores.
Desde ese día de diciembre de 1897 jamás se volvió a ver por el pueblo al Diablo, ni menos por el cerro. Aunque unos años después la poderosa cruz apareció levemente torcida y muchos pensaron que Lucifer había vuelto al pueblo, pero lo cierto es que una vez reparada y reforzada con más metal, los peuminos se olvidaron de Satanás.
Ahora el pueblo está tranquilo, después de la cruz del Cura Fernández no se ven por Peumo ni Diablos, ni la "Candelilla" (2), ni la "Lola" (3).
Eso sí el que no se ha ido aún del pueblo es el "Chon-Chon", conocido popularmente por los peuminos como "tue-tue", que aún atormenta a aquellos que deambulan por los oscuros lugares del peublo.
Hasta hoy el cerro Gulutrén está coronado con uno de los monumentos más grandiosos de Chile: Una hermosa cruz de fierro. El cerro y su monumento representan la identidad de Peumo y sus habitantes, aquello que lo distingue y enaltece de otras comunas, y que las futuras generaciones debieran cuidar y respetar por su gran historia.
- Paena: Base utilizada para instalar un objeto de adoración.
- Candelilla o Luciérnaga: Nombre con el cual eran conocidos algunos ladrones que al momento de atacar a la gente impregnaban sus manos con alguna sustancia fosforescente.
- Lola: Según el mito se trata de una hermosa mujer que atrae y embauca a los hombres mientras sufre espantosas transformaciones. Todos los que se han encontrado con ella han muerto.
- Chonchón o Tué-Tué: Es un animal mítico con la forma de una cabeza humana, de orejas extremadamente grandes como alas. Se dicen que son brujos y que es muy peligroso molestarlos.
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